ログイン—Renata... cuñada...Ese “cuñada” sonó como una advertencia tanto para ella como para mí mismo: que no cometiéramos ninguna tontería.Sin esperar su respuesta, añadí con toda la firmeza que pude:—No puedo ayudarte con esto... La medicina hoy en día es muy avanzada; deberían ir con un médico.Ante mi rechazo tan tajante, las lágrimas de Renata brotaron. Lloró de tal manera que, a pesar de querer mantenerme firme, no pude evitar sentir lástima al verla así.No soportaba verla de esa forma, así que desvié la mirada hacia otro lado.Renata se limpió la nariz y habló con la voz todavía temblorosa:—Si tuviéramos otra salida, jamás habríamos llegado a hacer... algo tan descabellado como esto...Entre más hablaba, más se le iba la emoción de las manos:—A tu hermano le importa mucho su imagen; no quiere que todo el mundo se entere. ¿De verdad no puedes ayudarnos en algo tan pequeño?—Yo... —No supe cómo responderle.Pero la razón me decía que no debía ceder bajo ninguna circunstancia. Si dab
Renata esbozó una sonrisa traviesa y me provocó a propósito:—Quiero ir a la cama contigo… a tener una… cita…Esas palabras bastaron para hacerme perder el control. Levanté la cabeza y le clavé la mirada.Parecía toda una experta en manipular a los hombres; no me quitaba los ojos de encima.Con las miradas clavadas la una en la otra, no pude evitar ceder.—No… no digas estupideces… —balbucí, tan nervioso que apenas podía terminar una frase.Viendo lo alterado que estaba, Renata decidió dejar de molestarme.—Bueno, ve a cambiarte. Salimos a dar una vuelta…Solté el aire que había estado conteniendo; por un momento pensé que iba a lanzarse sobre mí sin control. Aunque ella no tenía mi fuerza, tampoco podía garantizar que mi entereza fuera tan inquebrantable.Me fui a cambiar de ropa a toda prisa y, cuando salí, Renata ya estaba lista. Llevaba un abrigo color crema que le daba un aire fresco y encantador. Por alguna razón, algo en mi pecho se agitó sin motivo aparente.Fingí la mayor natu
El día siguiente era el primero del Año Nuevo.En años anteriores, siempre era yo el primero en levantarme, con ganas de ayudar en los quehaceres de la casa.Pero ese año, el sol ya había salido y yo todavía no había despertado.Mi hermano también se sorprendió, y fue él quien tocó a mi puerta para preguntar con genuina preocupación:—¿Marquito? ¿Estás bien? ¿Te sientes mal?Al escuchar su voz, me incorporé de un salto.Tenía la espalda empapada de sudor.No era por las palabras de mi hermano, sino porque había tenido una pesadilla.En el sueño, me enredaba en un abrazo apasionado con Renata, y justo en el momento álgido, mi hermano había aparecido.Me costó un buen rato volver en mí; tenía la cara pálida.Al no escuchar respuesta desde adentro, mi hermano levantó la mano y volvió a tocar:—Marquito, ¿qué te pasa?Obligándome a traer los pensamientos de vuelta a la realidad, respiré hondo un par de veces y respondí:—N-nada, anoche me quedé jugando hasta tarde y hoy me quedé dormido...
—Renata, estás siendo muy atrevida... ¿no te da miedo que mi hermano se entere?Antes de ir al grano, no pude evitar preguntárselo; todavía no estaba del todo tranquilo.Renata siguió moviéndose y provocando sin el menor remordimiento, hasta que se acercó a mi oído y susurró:—No se va a enterar...—¿Cómo puedes estar tan segura? —le pregunté, apretando la carne suave de su cintura.Ella gimió y se estremeció un buen rato, hasta que la sensación fue cediendo y pudo responderme entre jadeos:—Porque... yo no voy a decirle nada, y tú tampoco...¡En eso sí que acertó!¿Quién sería tan ingenuo de ir a contarle algo así a los cuatro vientos? Sabía perfectamente que lo que estábamos haciendo estaba mal, pero la razón y la moral siempre pierden contra ese fuego que arde por dentro. Y siendo yo un chico joven con la sangre caliente, me era aún más difícil contenerme.De pronto, le di una palmada en las nalgas a Renata.¡Paf!El golpe fue tan fuerte que casi la hizo llorar:—¡Eres malo... más s
Justo cuando dudaba si salir o no, Renata ya se había agachado despacio.Se levantó la pijama que le estorbaba y, acto seguido, levantó una pierna.La vista... completamente al descubierto.Llena... tentadora... tersa. No podía dejar de tragar saliva.Como si no hubiera nadie más, tomó agua con las manos y la fue derramando poco a poco sobre sí misma allá abajo.Todo su cuerpo se estremeció como si sintiera un placer enorme, y su respiración se hizo más pesada:—Mmm… ahn…¿Solo se estaba lavando, y le daba tanto gusto?No me atreví a parpadear ni una sola vez. Tenía los ojos clavados en lo que hacían sus manos.Renata se separó con suavidad y se limpió con todo cuidado.Por dentro y por fuera... sin dejar ni un rincón.Rosa y exuberante, deliciosamente provocadora. Me costaba apartar la vista.Estaba tan tenso que ya no aguantaba; estaba a punto de girar la cabeza para no ver.Entonces llegó la voz suave y dulce de Renata:—Marquito… tráeme una toalla seca para limpiarme…“Limpiarme”..
Aunque haberme aliviado a mano logró calmar un poco el fuego que ardía en mí, dejó en mi interior un vacío que no desaparecía del todo.Tanto así que a la hora de cenar no podía concentrarme en nada.De vez en cuando mi vista se desviaba hacia Renata, y esa sensación de tener la boca seca se hacía cada vez más intensa.Mi hermano, ajeno a mis pensamientos sucios, le pasó un brazo por los hombros justo frente a mí y me dijo:—Marquito ya no está tan chico... ¡Ánimo, a ver si el año que viene traes también una novia a las fiestas!Renata cedió blandamente entre los brazos de mi hermano.Sus voluminosas nalgas se contoneaban sobre las piernas de él, quién sabe si deliberadamente... rozando algo.Lo cierto es que la cara de mi hermano no lucía del todo bien, y hasta su respiración se había acelerado.Siendo también hombre, entendía perfectamente lo que le estaba pasando.Después de todo, si yo tuviera una novia tan provocadora e irresistible como Renata, querría tenerla aplastada en la cam







