La tarde se había extinguido, pero la tensión en el apartamento de Melani solo parecía cobrar una forma más sólida y peligrosa. Aras no se había marchado después de dejarla en casa; se había quedado allí, de pie frente al ventanal, observando las luces de Estambul con la rigidez de un soldado antes de la batalla. Melani se deshizo de la chaqueta de su traje color vino, sintiendo que la armadura profesional finalmente se le quedaba pequeña. Tenía frío, pero no era un frío físico; era esa vulnerabilidad que surge cuando sabes que tu mundo está a punto de colisionar. —¿Todavía sientes algo por él? —preguntó Aras, rompiendo el silencio. Se giró y, en la penumbra del salón, sus ojos grises parecían dos tormentas contenidas. No dio un paso hacia ella, pero su presencia llenó el espacio de inmediato. —No es algo fácil de describir —respondió ella, su voz saliendo más grave de lo habitual. —¿Acaso no estás haciendo lo mismo que él hizo? —Aras... —No —la interrumpió él, acort
Última actualización : 2026-04-16 Leer más