Melani Fernández Estaba comenzando la semana con la mejor vibra, pero como todo en la vida no puede ser perfecto; debía acostumbrarme. Entré en el ascensor y, antes de que las puertas se cerraran, una mano firme las detuvo. Era Aras. Se colocó a mi lado, demasiado cerca para el espacio limitado de la cabina, pero manteniendo esa distancia de seguridad que solo los hombres de poder saben proyectar. El silencio era espeso, roto únicamente por el zumbido del motor. —¿Qué tal tu fin de semana, Melani? —preguntó, mirando al frente, aunque pude sentir su atención fija en mi perfil. —Bien —respondí, ajustando la correa de mi maletín. —Sinan me dijo que Lale te llevó a conocer Karaköy. Espero que el ambiente fuera de tu agrado. —Lo fue —solté, seca. Sabía bien lo que intentaba hacer. Su mirada se desvió hacia mí por un segundo, buscando la causa de mis monosílabos, pero el ascensor llegó a su piso y salí sin mirar atrás. Horas más tarde, su oficina se volvió un centro
Última actualización : 2026-04-07 Leer más