Cuando salí del baño, Jimena me clavó la mirada ahí abajo, con los ojos encendidos de deseo.¿Jimena también tenía esas ideas?En ese momento, el huracán se intensificó, la luz se fue y la habitación quedó a oscuras.Mi hija gritó de pánico y se lanzó a mis brazos.Ese cuerpo suave se me pegó al pecho, firmecito y generoso.Incluso su parte baja me rozaba el abdomen, y un cosquilleo eléctrico me recorrió todo el cuerpo.¡Es la amiga de mi hija, por Dios! No puedo pensar en esas cosas.La aparté, saqué el celular y encendí la linterna. Bajo la tenue luz...¡Miré que Jimena estaba frente a mí! Me miraba con ojos suplicantes y desvalidos.Había sido ella la que se había lanzado a mis brazos. Me quedé en shock.Me picaba todo el cuerpo, no podía quedarme quieto.—Señor, tengo mucho miedo —dijo con voz delicada y temblorosa.No alcancé a consolarla. Vi a mi hija acurrucada en el sofá, temblando sin parar.—Váyanse a su cuarto ya, acuéstense, todo va a estar bien —les dije a las dos.Las esc
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