—En serio... qué delicia... nadie me la mete como tú...En la penumbra del cuarto, la mujer estaba desnuda, de rodillas sobre la cama con el pecho subiendo y bajando al ritmo de un jadeo pesado, las mejillas encendidas, la mirada perdida. Solo su trasero redondo y perfecto, que yo sostenía en alto, seguía bien levantado.—¿Tu marido o yo, quién es mejor?Giró la cabeza para mirarme con los ojos llenos de deseo.—Diez como él no te llegan ni a los talones...Me llamo Dante Quiroga. Desde la universidad me obsesioné con la fotografía de desnudo artístico.Nunca imaginé que ese oficio me permitiría, bajo el pretexto de sesiones fotográficas, acostarme con incontables mujeres.Al principio frecuentaba las convenciones de cosplay, tomaba fotos para practicar. Conforme mi nivel fue subiendo, las modelos empezaron a buscarme para sesiones y a proponer intercambio de favores por su cuenta.Fue entonces cuando entendí que, durante las sesiones de fotos más atrevidas, las modelos pagaban acostán
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