LOGIN—Qué... qué delicia... nadie me la mete como tú... Soy fotógrafo de desnudo artístico. A través de mi lente he capturado a incontables mujeres en sus poses más seductoras y desinhibidas. Las mujeres que pasan por mi cámara, sin importar cómo fueran antes, terminan convertidas en modelos de primera. Por una sola razón: todas fueron moldeadas por mí. En la penumbra de la habitación, la mujer estaba desnuda, hincada a cuatro puntos sobre la cama, jadeando mientras su pecho subía y bajaba. Tenía las mejillas encendidas, la mirada llena de deseo, y solo su trasero redondo y perfecto, sostenido por mis manos, seguía en alto...
View MoreCuando esas palabras cayeron, la puerta se abrió al mismo tiempo y la luz inundó la habitación, iluminándola.Sentí que volvía a respirar.—¡¿Fue Aranza?! —Agarré la mano de quien entraba y pregunté con los nervios a flor de piel.El policía joven señaló con el mentón hacia afuera.—El oficial Coronado le va a explicar.Seguí sus pasos y por fin salí de aquel cuarto diminuto. Me llevaron a la sala de descanso y me senté.Tras unos minutos de espera angustiante, el oficial que me había interrogado entró con una pila de carpetas bajo el brazo, con unas ojeras moradas que delataban una noche entera sin dormir.—Oficial Coronado… ¿verdad?Él asintió con gesto cansado y se esforzó por sonreír.—Después de interrogar toda la noche, por fin resolvimos el caso.Con su relato, supe al fin la verdad de lo que había ocurrido.Resultó que Leonel tenía un gusto peculiar: si no había emociones fuertes de por medio, no se le paraba.Así que con frecuencia paseaba con Aranza por el fraccionamiento exh
El policía recibió el documento, lo revisó y volvió a mirarme. Pronunció cada palabra con peso:—También se detectó tu ADN bajo las uñas de Aranza.Con eso, las pruebas físicas y los testimonios cuadraban. No tenía cómo defenderme.Un momento... ella estuvo en mi casa. El ADN bajo sus uñas tenía que ser del rasguño que me dejó.Me apresuré a informarle a la policía sobre esa pista y les repetí cada detalle de lo que pasó esa noche.El policía no pudo disimular la preocupación. Tras pensarlo un buen rato, me pidió que esperara; iban a seguir investigando a partir de mi declaración.La sala de interrogatorio volvió a quedar en silencio. Tenía la cabeza hecha un caos.La situación estaba en mi contra. Aranza tenía que haber planeado todo antes de venir a buscarme.Inventó una mentira, y para sostenerla iba a necesitar inventar más. No podía creer que en tan poco tiempo hubiera logrado tapar cada hueco del camino.Además, cuando saliera el informe de autopsia de Leonel, las sospechas sobre
¿Aranza se fue? ¿Qué pretendía con todo ese numerito esta noche? ¿Por qué el celular de Leonel seguía sin contestar? ¿Pasó algo?Las dudas no dejaban de crecer, así que decidí ir a casa de Leonel. De cualquier manera, no quedaba lejos. Me eché el abrigo encima y salí a toda prisa. Las calles a esas horas estaban en silencio; era el único que caminaba, y la inquietud me carcomía cada vez más.Lo extraño fue que todo salió demasiado fácil: el guardia me dejó entrar al fraccionamiento sin siquiera registrarme, cuando antes siempre me hacía perder un buen rato con el trámite.Al llegar a la puerta de la casa de Leonel, descubrí que estaba entreabierta; un hilo de luz se colaba por la rendija.Toqué con los nudillos y empujé la puerta con cuidado.En cuanto se abrió, me recibió un silencio de muerte.Bajé la mirada y vi a alguien tirado en el piso a lo largo; la sangre regada por todas partes me hirió los ojos.Cuando enfoqué la cara de esa persona, se me cayó el alma al piso.Era Leonel.T
Las interacciones básicas ya las dominaba sin problema; lo único que todavía no lograba corregir era lo del baño: seguía orinando donde se le daba la gana.Para poder cuidarlo mejor, instalé una cámara de seguridad en la casa.Así, incluso cuando estaba trabajando, podía revisar cómo estaba Harry: si comía y tomaba agua bien, si no estaba haciendo sus necesidades por todos lados.Los días fueron pasando con calma, hasta que una visita inesperada rompió mi tranquilidad.Apenas empezaba a quedarme dormido cuando un timbrazo me despertó.Harry también se despertó y se puso a ladrar sin parar.El timbre sonaba insistente, como si alguien quisiera tirar la puerta, y el ruido me retumbaba en la cabeza.Levanté la mirada para ver la hora: las once de la noche. ¿Quién vendría a buscarme a estas horas?Abrí la puerta de mal humor, y en cuanto lo hice, una mujer se metió y se me echó encima.Aranza, helada por el frío de afuera, se refugió contra mi pecho, y el contacto me espantó hasta el últim






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