No había terminado de hablar cuando, del otro lado, solo quedó el pitido seco de la llamada cortada.Me quedé ahí, sosteniendo el teléfono, inmóvil.Al final, las lágrimas se me salieron solas y cayeron sobre la pantalla helada del celular, enfriándose al instante.La señora me miró con pena, me dio unas palmaditas suaves en el hombro y suspiró antes de decirme:—No te pongas triste. Si quieres, ven primero a mi casa y desde allá les vuelves a llamar a tus papás para que vengan por ti. Yo ya casi me reincorporo a la carretera, pero no voy hacia el mismo lado que ustedes. Si no, con gusto te llevaba.Recordé el tono impaciente de mis padres y rechacé su ofrecimiento.—No, señora, gracias. Mis papás dijeron que mi tío ya viene por mí. Mejor lo espero aquí.Después de todo, en pleno Año Nuevo, seguro que mis padres no querían tener que regresarse solo para recogerme.Y mi tío, Julio Moreno, nunca había sido muy cercano conmigo. Si tenía que desviarse más de la cuenta para venir por mí, se
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