—Cecilia, feliz cumpleaños… —dijo entre lágrimas—. Esta vez mamá sí se acordó… Anda, come…Papá se agachó frente a la tumba y, con un pañuelo, limpió una y otra vez la foto de mi lápida, con una suavidad casi temerosa, como si le diera miedo despertarme.—Cecilia, papá se equivocó… —murmuró con la voz quebrada—. No debí decirte que eras lenta… No debí dejarte ahí ni tardar tanto en volver por ti… ¿Me perdonas, sí?Olivia dejó un ramo de flores y Jaime puso junto a mi tumba su carrito favorito.El viento recorrió el cementerio, moviendo las hojas de los árboles con un susurro suave, como si respondieran, como si suspiraran.Después de aquello, la familia de Julio casi no volvió a nuestra casa. Tras aquella discusión, la relación entre las dos familias tocó fondo.De puertas afuera, seguían tratándose como siempre, pero todos sabían que aquella grieta ya nunca podría cerrarse.Mi abuela suspiraba a menudo.—Éramos una familia tan unida… ¿cómo terminamos así?A veces, en plena madrugada,
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