—Victoria, ni mi madre ni yo podemos conseguir cinco millones en tan poco tiempo.—¡No te pases! ¡Te va a caer una maldición!—Daniel, ¿no vas a hacer nada?—Tía Melisa, ¡haz algo, controla a esta mujer!Lara se agarraba la cabeza desesperada, al borde del colapso.Gritaba con todas sus fuerzas, como una loca, suplicando ante Daniel y Melisa.Melisa suspiró profundamente:—Victoria, si no publicas nada, puedo considerar incluir a tu hija en el árbol genealógico de los Fernández.Victoria la miró con desprecio:—No hace falta. —Mi hija lleva mi apellido, Lima. Ya está registrada.Melisa se quedó boquiabierta:—¿Qué? ¿Cambiaste el apellido de tu hija sin nuestro consentimiento?—Daniel, ¿escuchaste eso?Daniel, con el rostro sombrío, no dijo nada.Permaneció quieto, sin moverse.Él, que siempre había sido dominante, ahora frente a Victoria era como aire, sin presencia ni autoridad.Solo pensaba en silencio qué hacer a partir de ahora.Victoria ya no estaba bajo su control.Sabía que, si
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