Lara se clavó las uñas en la palma de la mano con tanta fuerza que se rompió una uña postiza. Sus ojos desbordaban un odio incontenible.***Cuando Victoria despertó de nuevo, ya había caído la noche por completo.En la habitación solo estaba encendida la luz de noche. Apenas se incorporó, se oyó un fuerte golpe en la puerta, como si algo hubiera caído al suelo.Victoria se sobresaltó y miró: Era Daniel, que se había caído de la silla.Preguntó, estaba sorprendida:—¿Todavía no te has ido?Daniel medía casi un metro noventa, pero había estado acurrucado en una silla pequeña todo el tiempo.Al principio no dormía. Se quedaba allí, a distancia, vigilando en silencio a Victoria y a Estrella.Descubrió que, en esos días, su cabeza había estado hecha un lío.Solo cuando se quedaba así, junto a ellas, su mente se aclaraba.Entendió que, al final, todos los problemas externos no importaban.Lo más importante era estar así, en familia, en su propio espacio, en paz.Aunque no hiciera nada,
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