—¿Ahora sí se quieren escapar? A ver quién de ustedes se atreve a salir de aquí hoy.Mi voz arrogante hizo que Mateo, Antonio y Luis temblaran de pies a cabeza. Sobre todo Mateo, a quien hasta se le erizó la piel. Al mirar aquel ladrillo, el miedo en su corazón llegó al límite.Mateo pensó: “Ignacio de verdad quiere matarme.”Si ese ladrillo le hubiera dado en la cabeza, ahora mismo ya estaría muerto.Los tres se quedaron rígidos junto a la puerta. Aunque eran tres, en ese momento ninguno se atrevía a moverse.El salón también quedó en completo silencio.Todas las miradas iban y venían entre Mateo, los demás y yo.Desde que me vieron regresar, todos supieron que ese grupo ya no iba a estar tranquilo.Solo que, según lo que Mateo y los suyos habían dicho antes, ellos supuestamente habían peleado conmigo casi de igual a igual. Al fin y al cabo, yo había estado hospitalizado medio mes, mientras que Mateo, aunque también terminó en el hospital, regresó después de unos días. Ahí había
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