Dios mío, ¿en qué momento me había vuelto tan malo?Ni yo mismo esperaba que en mi corazón se ocultaran ideas tan perversas.Dios, perdóname. Yo antes no era una persona así.Mientras rezaba en silencio dentro de mi corazón, seguí dándole instrucciones a Daniela.Después de lo que había dicho antes, ya no podía negarse.Lo que yo no sabía era que, en su corazón, también había nacido una sensación extraña.Aquellas cosas de hace rato eran algo que ella jamás habría imaginado en su vida diaria. Sin embargo, le habían provocado un estímulo sin precedentes, tan intenso que casi la volvía loca.En esas circunstancias, dentro de ella también había surgido, de forma casi imperceptible, un impulso y un deseo: quería ver qué más sería capaz de hacer yo después.Aunque por instinto sentía que, para ella, aquello definitivamente no sería nada bueno, en otra parte de su corazón existía una curiosidad imposible de reprimir. Por eso, durante ese breve momento, obedeció cada una de mis palabras.Si
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