Por un momento, sospeché que tal vez me había metido en el lugar equivocado.Había demasiadas mujeres atractivas, todas arregladas de forma muy llamativa.Había chicas menuditas de aire tierno, mujeres de porte maduro y dominante, y otras jóvenes con una dulzura suave, pero con ese encanto de quien ya sabe cómo tratar a los hombres.Algunas sostenían cigarrillos largos y delgados entre los dedos. Llevaban maquillaje cargado, con los ojos delineados hasta alargarles la mirada, y cada gesto parecía contener una tentación invisible, capaz de acelerarle el corazón a cualquiera.Todo el vestíbulo estaba impregnado de un deseo intenso. Incluso sin hacer nada ahí dentro, uno podía verse afectado por esa atmósfera especial, como si algo escondido en lo más profundo despertara rápidamente.Yo había visto muchas cosas, pero al encontrarme de pronto con esa escena, casi me quedé aturdido.Antes, cuando vivía en aquel pueblo, también había ido a lugares de ese tipo. Pero ni el ambiente ni la ca
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