Al volver la cabeza, descubrí que quien había llegado era Renzo.Sin darme cuenta, había terminado otra vez en aquel pequeño bosque.Renzo frunció el ceño.—¿Otra vez vienes a buscarles pleito a Pedro y a los demás? Ya fue suficiente, ¿no? Brayan todavía tiembla de miedo cada vez que escucha tu nombre, y Pancho y Pedro terminaron en el hospital por tu culpa. Sin importar lo que hayan hecho antes, creo que ya recibieron su merecido.Al parecer, Renzo sí se preocupaba mucho por sus muchachos.Chasqueé la lengua y respondí de mal humor:—Esto no tiene nada que ver con ellos. Mientras no se me planten enfrente a buscar problemas, ni siquiera pienso prestarles atención.Miré a Renzo de reojo.—¿Traes cigarros? Dame uno.Quizá, en ese momento, solo el humo podría aliviar un poco la opresión que sentía en el pecho.Renzo frunció ligeramente el ceño, pero aun así sacó una cajetilla del bolsillo, tomó un cigarro y me lo lanzó.Lo encendí y le di una profunda calada. El humo comenzó a envolverm
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