Maldita sea, ¿qué estaba pensando?Cristina estaba tan borracha que apenas era consciente de lo que hacía. ¿De verdad iba a aprovecharme de ella en ese estado?Si llegaba a hacer algo así, me convertiría en un completo desgraciado, casi tan ruin como Renato.Respiré hondo varias veces, aliviado de haber recuperado la cabeza a tiempo.Aun así, no podía asegurar cuánto duraría mi autocontrol. Si seguía ahí, quizá no tardaría en volver a dejarme llevar por esos pensamientos y terminaría haciéndole algo a Cristina.Me levanté de inmediato y la miré.—Tengo que irme. Duerme bien. Mañana, cuando despiertes, ya te sentirás mejor.Cristina me miró con expresión lastimera y asintió lentamente.Se veía tan indefensa que daba ternura, como si yo acabara de hacerle algo malo.Negué con la cabeza y volví a prepararme para salir.Fue entonces cuando me di cuenta de que Cristina seguía sujetándome de la muñeca y no tenía intención de soltarme.Algo resignado, intenté apartar sus dedos, pero ella co
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