Aquella tarde salieron a caminar por la zona apenas terminaron de merendar. Lucas llevaba una bicicleta, María saltaba las piedras pequeñas del camino, Emma caminaba cerca de Nahuel y los adultos avanzaban detrás, atentos sin invadir. La casa de los padres de Agustín quedaba a una distancia prudente del ruido, rodeada de árboles, alambrados bajos y vecinos que casi siempre saludaban desde lejos, sin preguntar demasiado. Durante un buen rato, la caminata tuvo esa tranquilidad que los cuatro niños habían empezado a necesitar. Lucas pedaleaba unos metros y después volvía, María le pedía que la esperara, Emma juntaba hojas secas para pegarlas en un cuaderno y Nahuel caminaba con las manos en los bolsillos, más relajado que en la ciudad, aunque todavía atento a su hermana. La tranquilidad se quebró cuando, desde una casa lindera, dos personas hablaron sin cuidar el volumen. Una mencionó a Vanessa, la cárcel y los fraudes. La otra agregó una frase cruel sobre la mujer de los tacos que se a
Última actualización : 2026-08-09 Leer más