Rafael siguió la dirección de su mirada.Mariana estaba de pie en el mismo sitio, con la maleta en la mano y la vista baja, como si esperara a que terminaran de hablar.Se recogió con calma un mechón suelto detrás de la oreja.Rafael apartó la mirada.—¿Qué necesitas que haga?Alejandro no dijo nada más. Caminó hacia Mariana y le habló con voz suave:—Tengo que volver a la empresa para resolver un asunto.Mariana levantó la cabeza, muy comprensiva.—Ve a ocuparte. Yo regreso sola en un rato.Alejandro miró alrededor.—Aquí no es fácil conseguir taxi. Deja que Rafael te lleve. Si no, no me quedo tranquilo.Mariana se portaba tan bien, y Rubén ya había regresado. Por supuesto, él tenía que seguir interpretando el papel de buen esposo.Ella aún no alcanzaba a responder cuando Rafael, a su lado, ya había intervenido:—¿Y conmigo sí te quedas tranquilo?La pregunta sonó ambigua, ligera y sin emoción.Mariana miró de reojo a Rafael.A estas alturas, ya no le sorprendía nada de lo que pudier
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