La luz del pasillo era un poco más clara.Por fin Mariana pudo verlo bien de frente.Medía, como mínimo, uno ochenta y ocho.Hombros anchos, cintura estrecha, proporciones impecables.Tenía un rostro tan perfecto que parecía diseñado al detalle. Una belleza imposible de ignorar, de esas que imponen apenas entran. Solo que los lentes suavizaban un poco ese filo natural.La camisa negra llevaba desabrochado el primer botón.La línea de la nuez se marcaba limpia y sensual.En conjunto transmitía una frialdad elegante, difícil de ignorar.Rafael inclinaba apenas la cabeza mientras seguía en la llamada, pero sus ojos permanecían fijos en ella.Hasta que colgó.Se acercó a Mariana y curvó levemente los labios.—¿Querías hablar conmigo a solas?Ella sacó el celular, abrió el correo anónimo y le mostró la pantalla.—Tú enviaste este correo. Así que cuando dijiste que me habías invitado desde hace un mes, no estabas bromeando.No era una pregunta.Era una conclusión.Rafael apenas miró la pan
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