LOGINEl día que recibió un correo anónimo, Mariana Fernández descubrió que el hombre con quien llevaba tres años casada le había sido infiel. No lloró. No hizo escándalo. Simplemente regresó al país para divorciarse. Con la intención de que todo terminara de la manera más sencilla y tranquila para ambos, contrató al abogado más caro de Monteluz: Rafael López, amigo de la infancia de su esposo, Alejandro García. Todos pensaban que Rafael era frío, distante e imposible de tratar. Sin embargo, frente a ella dejaba caer por completo aquella máscara de indiferencia. *** La noche en que terminó entrelazada con Rafael, Mariana creyó que seguía serena, dueña de sí misma y con el control absoluto de la situación. Lo que no sabía... era que Rafael había descubierto la trampa desde el principio. Y aun así, decidió entrar en ella por voluntad propia. Él mismo puso en manos de Mariana las pruebas de la infidelidad de Alejandro. Esperó en silencio durante tres largos años. Por fin había llegado la oportunidad de quedarse a su lado. —Mariana... ¿de verdad no te das cuenta de que estoy intentando conquistarte?
View MoreAl caer la tarde, el puerto parecía cubierto de polvo dorado.El sol descendía hacia la línea del mar y sus últimos reflejos teñían todo el muelle de tonos cálidos, mientras las nubes del horizonte ardían en un naranja rojizo.A las seis en punto, el crucero hizo sonar la sirena y zarpó.La gala se celebraba en la cubierta superior, conectada directamente con la terraza exterior y frente a la costa que poco a poco iba quedando atrás.La cena aún no comenzaba oficialmente, pero el salón ya estaba lleno de invitados.Mariana sostenía una copa de champaña junto al ventanal, observando la superficie tranquila del mar.Camila se acercó con expresión derrotada.—Ya valió... cuando regresemos, no me voy a salvar del trágico destino de una cita a ciegas.Paseó la mirada por el salón.—Mira nada más, no se salva ni uno...Apenas terminó de hablar, Mariana siguió la dirección de sus ojos.En la entrada del salón, Rafael acababa de entrar.Llevaba un traje gris oscuro de alta costura, camisa blan
Gabriela lanzó una mirada de reojo hacia Mariana.—No es que te estemos presionando, solo te lo recordamos. Si quieres seguir en la familia García, al final tendrás que apoyarte en un hijo. Aprovecha ahora que eres joven y estás sana. En unos años más...—Tiene razón.Mariana alzó la vista y la interrumpió con una sonrisa.—Todo lo que me dijo lo tengo muy presente. Claro que debemos tener hijos. Ese asunto ya no puede seguir aplazándose.Gabriela asintió, satisfecha.—Qué bueno que lo entiendes...Mariana inclinó ligeramente la cabeza, con una expresión inocente.—Pero esas cosas no dependen solo de mí, ¿verdad? ¿No cree que también debería hablarlo con Alejandro? Últimamente está muy ocupado. Casi nunca duerme en casa.La sonrisa de Gabriela se congeló por un instante.Ellos pasaban largas temporadas fuera de Monteluz, y toda la familia García había quedado en manos de Alejandro.Pero Gabriela conocía perfectamente los enredos que él traía detrás.En aquel tiempo, Julieta se había de
Camila se hizo a un lado en silencio.Rubén soltó el bastón y tomó las manos de Mariana entre las suyas.La observó de arriba abajo.Tenía los ojos ligeramente enrojecidos.—Qué bueno que regresaste.Le palmeó el dorso de la mano.—En estos tres años apenas viniste unas cuantas veces, y cada vez te quedabas dos días antes de volver a irte. Esta vez ya no te vas, ¿verdad?A Mariana se le cerró la garganta.Negó con la cabeza.—No. Ya no me voy.Cuando Mauricio murió, toda la familia García acudió al velorio para acompañarla.Rubén permaneció largo rato frente al altar funerario.Antes de irse, le tomó la mano a Mariana y le dijo:—De ahora en adelante, la familia García será tu respaldo. Si alguien te maltrata, me lo dices.Los ojos de Mariana se humedecieron.—¿En Altarreal hace calor? ¿Cómo has estado de salud últimamente?Rubén aún no respondía cuando una voz masculina sonó detrás de ellos.—Apenas se bajó del avión y, en vez de descansar, vino directo aquí a aguantar el viento del m
Rafael giró el rostro para verla.La mirada descendió de su cara al escote profundo del vestido color vino que llevaba puesto.Alzó una ceja.—Sí que eres valiente... ¿me llamaste para recogerte sabiendo que Alejandro estaba ahí?Mariana se recargó en el asiento y volvió la cabeza hacia él.Sonrió con coquetería.—Alejandro fue a recoger a Julieta. Nadie iba a llevarme. Y en taxi no puedo entrar por el acceso VIP, así que no me quedó de otra más que molestarte.La luz que entraba por la ventana dibujó una línea suave sobre su perfil.Rafael dijo:—Hoy estás preciosa.La misma frase se la había dicho Alejandro media hora antes.Mariana alzó apenas la barbilla.Las pestañas largas temblaron.La sonrisa le curvó los ojos.—Me arreglé especialmente para ti.Esteban, al volante, casi arrancó el cuero del volante de tanto apretarlo.Mantuvo la vista fija al frente.Tenía las orejas rojas.Rafael había elegido ese carro precisamente para pasar desapercibido.Y ni siquiera tenía mampara diviso






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