Laura no respondió.Solo observó cómo los dedos largos y hábiles de Gustavo acomodaban con destreza la gasa sobre su rodilla.La palabra "sí" retumbó incontables veces en su corazón, con tanta fuerza que le dolió el pecho.Él nunca supo que el médico ya le había limpiado la herida en la enfermería y que, cuando quiso cubrirla con una gasa, ella se negó.Desde el momento en que supo que Gustavo iría a buscarla, en el fondo había empezado a esperar en secreto algo.Si la veía herida de esa forma, ¿se preocuparía un poco más por ella?***El aroma familiar que impregnaba el auto parecía llenar cada célula del cuerpo de Laura. La mano de Gustavo, que aún sostenía su tobillo, irradiaba un calor especialmente agradable.Entre aquel aroma familiar y el efecto del alcohol que aún le pesaba en el cuerpo, la cabeza se le volvió pesada y, sin darse cuenta, cayó en un sueño brumoso.Su respiración, suave y regular, apenas se escuchaba en el silencio del vehículo.Dentro de aquel auto, siempre frío
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