Después de dos años, era la primera vez que Laura volvía a mirarlo de frente.Sus facciones seguían siendo marcadas, casi escultóricas, suavizadas por una piel clara y fina. Sus cejas conservaban aquella dureza imponente, con la autoridad silenciosa de quien estaba acostumbrado a mandar. Y, aun así, seguía siendo tan atractivo que bastaba mirarlo para perder el aliento.Llevaba un traje negro, sin corbata. La camisa blanca estaba ligeramente abierta en el cuello, dejando a la vista la nuez marcada y la línea firme de su cuello.Vestido con tanta despreocupación, era evidente que la invitación de Liam para esa noche no le importaba demasiado. Quizá ni siquiera la había tomado en serio.Laura lo sabía. Con alguien tan exigente y difícil de complacer como Gustavo, ¿cómo iba Liam a conseguir que aceptara invertir?La esperanza de Miranda estaba destinada a desvanecerse.Gustavo no respondió a su saludo. Sus ojos color ámbar, agudos como los de un halcón, permanecieron fijos en ella.—¿Cuán
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