La noche sobre el exclusivo barrio de Minato se desplegaba bajo una llovizna constante que asfaltaba las calles de un brillo azabache. La residencia de Toshiro Masuda, una impresionante mansión de arquitectura moderna rodeada por altos muros de piedra y vegetación tupida, lucía en aparente calma. El anciano accionista, confiado en la tranquilidad de la zona y en el prestigio del nombre de Kenji Ishida, mantenía solo una guardia básica de dos hombres en la entrada vehicular. A tres manzanas de distancia, en la penumbra de una furgoneta industrial sin placas, Ryuta se ajustaba los guantes de cuero negro. El corazón le palpitaba con el ritmo frenético de la ambición. A su lado, tres muchachos de su banda de Shinjuku revisaban los pasamontañas y aseguraban las pistolas de bajo calibre y las palancas de acero. —Recuerden bien lo que dijo el señor Sato —murmuró Ryuta, con la voz ahogada por la adrenalina—. Nada de disparos si no es estrictamente necesario. Entramos, neutralizamos, nos l
Última actualización : 2026-10-04 Leer más