Las sábanas de hilo de la suite inferior eran demasiado frías, o tal vez era el cuerpo de Beatriz el que estaba demasiado caliente para encontrar descanso.A las dos de la mañana, la diseñadora permanecía descalza en el centro de la habitación, observando cómo la llovizna de Tokio golpeaba el cristal con la cadencia de una cuenta regresiva. Cerraba los ojos y el eco de la voz de Kenji resonaba en su mente, denso y magnético, tapando cualquier intento de racionalizar la locura en la que se había sumergido.El peligro era real; había visto los ojos de Sato, había sentido la vibración de una violencia a punto de estallar en el casino. Pero en la intimidad de la penumbra, su mente no volvía al miedo, sino a la presencia del hombre que la había protegido.Incapaz de quedarse en la cama, caminó hacia la mesa de noche, tomó su cuaderno de bocetos y un lápiz de grafito blando, y se sentó en la alfombra, apoyando la espalda contra el borde de la cama.Al principio, sus trazos fueron instintivo
Última actualización : 2026-09-03 Leer más