Las palabras me dejaron un sabor a ceniza y hierro en la boca. Mi padre se quedó petrificado con el pergamino del príncipe Nocturne en la mano. El grito ahogado de mi madre rompió el silencio de la sala. A la luz de las velas, se mostró horrorizada.—¡Perdiste la cabeza, Elara! ¡Es Kaelan! ¡Dicen que deja secos a sus sirvientes nada más por diversión y que si te atreves a susurrar su nombre te parte el cuello! ¡Te vas directo al matadero! —bramó.Abrí la boca para quejarme, pero la voz tensa de mi padre me interrumpió.—Tu madre tiene razón, Elara. Marcus y Liana ya se vincularon. ¿Qué va a pasar con ellos si te rehúsas? —argumentó él.La duda nubló la mirada de mi madre, pero se desvaneció al rato. Me apretó la mano hasta que, por fin, la soltó. Aun así, mi corazón se endureció. Yo era la hija legítima. Al contrario de Liana que era una huérfana de la calle. A pesar de eso, ella siempre era el centro de atención. Tenía un talento innato para fingir sonrisas y lavarle el cerebro a
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