—No me estás dando la mano, Sienna —se quejó Lucas, deteniéndose en seco y aferrándose a la muleta con irritación.Era capaz de caminar sin ayuda, pero se comportaba como un niño insoportable en cuanto Sienna lo dejaba solo. Era como si no quisiera que ella se apartara de su lado. Sabía que, en el momento en que pudiera valerse por sí mismo, ella lo dejaría para regresar a su hospital.—Tienes que caminar por tu cuenta ahora, Lucas. Estoy aquí mismo por si me necesitas, pero no te daré la mano. Intenta dar diez pasos —lo animó ella.Lucas refunfuñó y juró para sus adentros que, el día que pudiera caminar con normalidad y sin apoyo, la haría suya para siempre. Apretó los dientes y dio los diez pasos lentamente, soportando el dolor. Al terminar, se dejó caer en la silla de ruedas, agotado.—Muy bien. La próxima vez aumentaremos a quince pasos —dijo Sienna, tendiéndole un vaso refrescante de zumo de frutas recién exprimido.Lucas hizo una mueca de desagrado. ¡Él quería un beso a cambio,
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