Tras una hora de discusión, dieron por terminada la reunión. Todos salieron de la oficina, pero Lucas no se movió ni un ápice; permaneció sentado en su lugar, observándola con la mirada entrecerrada.—¿Cómo diste con mi oficina? —le preguntó ella con curiosidad.Lucas esbozó esa pequeña sonrisa torcida tan suya, sin apartar los ojos de ella.—Tengo mis métodos, Sienna. Te dije que te perseguiría hasta que volvieras a ceder ante mí —dijo, enfatizando la palabra «volvieras».—Es inútil, Lucas. ¿Por qué te empeñas tanto en perseguirme? Estoy hasta el cuello en este lío. De verdad que no tengo ganas de hablar de todo esto —respondió ella con expresión seria.—Déjame sacarte de este lío, Sienna. Por favor —le suplicó, como si su vida dependiera de su respuesta. Y, hasta cierto punto, así era. No soportaba verla pasándolo mal. Para él habría sido muy fácil resolver sus problemas, pero ella era tan obstinada que insistía en luchar por su cuenta.—No, no necesito tu lástima. Es la empresa de
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