Lucas no hablaba con nadie de su vida privada, ni de Kim ni de Alexia. Era una faceta de su existencia que prefería manejar en soledad. Sabía muy bien lo que debía hacer para demostrarle a Kim y a sus abogados que era un buen padre y un buen marido, pero nada había sido suficiente.Kim y su equipo legal no escatimaron esfuerzos para retratarlo como un adicto al trabajo, un robot sin emociones, un maniático sexual, un hombre de mal genio… un monstruo incapaz de criar a una niña. Con la manera en que habían exagerado y difundido esos supuestos rasgos de su personalidad, él no tenía forma de defenderse. Sin embargo, el plan de Kim para obligarlo a ceder y entregarle acciones de su empresa no había funcionado. Lucas no se doblegó.Sienna era la única que desconocía su mala reputación, y él quería que siguiera siendo así. Temía que, si llegaba a enterarse, lo juzgara y desapareciera de su vida para siempre. Por eso guardó silencio, anticipando con inquietud la siguiente pregunta de ella.P
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