Isabela prefería el silencio. Si pudiera, enterraría su pasado en un lugar donde nadie lo encontrara jamás. Ser huérfana ya era un peso; saber que su padre, un ludópata al que creía desaparecido, estaba vivo y olfateando dinero, era la gota que colmaba el vaso. Su complejo de inferioridad, alimentado por años de abandono, latía con la misma fuerza que su fémur roto.Sin embargo, a Maison no se le conocía precisamente por su paciencia.— ¿Te ha dejado muda el medicamento o es que has tomado la dosis equivocada? —la presionó.La presión estalló. Isabela ya no podía más con los secretos, las amenazas, los ataques de Catarina y, ahora, la sombra de Josué.— ¡Mi padre es un jugador empedernido y ha ido a mi empresa a exigirme dinero! —gritó con voz entrecortada, mientras lágrimas calientes le recorrían el rostro—. ¿Estás satisfecho ahora? ¡Ya no queda ningún secreto del que puedas reírte, Maison!Catarina y Josué. Los dos "Viana" eran como una maldición intentando chupar lo que quedaba de
Última atualização : 2026-08-04 Ler mais