VICTORIA—Aaahhh, se siente tan rico... —gemí fuerte, echando la cabeza hacia atrás mientras el gruñido de mi macho desaparecía contra mi cuello.Mi cintura empezó a moverse, y mis muslos se tensaban cada vez que subía y volvía a bajar, hundiéndome sobre ese pene delicioso que solo me pertenecía a mí.Empujé a Lorenzo por el pecho y me apoyé sobre él, cabalgándolo llena de lujuria y necesidad.Él me miraba desde la cama con esos ojos lobunos y peligrosos, brillantes y hermosos, clavados en mí como si estuviera obsesionado.Bajo la luz de la luna, me moví sobre mi hombre, sudando y gimiendo, cabalgándolo cada vez más rápido con un ritmo devastador y apasionado.—Aah, joder... gggr, Luna, más suave... shhh, nena, vas a hacer que me corra... Ssshh... aahh, jodeeer que rico...Sus gruñidos pronto se volvieron desesperados, mezclándose con el golpe rítmico de nuestros cuerpos chocando.Pero no podía parar. Cada vez que ese falo enorme se clavaba hasta mi cuello uterino, juro que veía las ma
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