Me llamo Marcelo Salgado, soy padre soltero y había venido a Europa con mi hijo, Edwin, para que estudiara en la universidad.Al lado vivían dos mujeres hermosas, madre e hija; la hija estudiaba en la misma universidad que mi hijo.La madre se llamaba Verónica. Estaba embarazada, con una barriga enorme, y como su marido pasaba casi todo el año de viaje y apenas volvía a casa, no aguantó la soledad y acabó metiéndose a escondidas con Edwin.Su hija se llamaba Arleth, hermosa como una actriz, de piel clara, cara bonita y piernas larguísimas. Tenía un cuerpazo; sus pechos suaves y redondos casi reventaban el uniforme de colegiala.Llevaba una minifalda a cuadros y medias blancas que le ceñían las piernas esbeltas y clarísimas; al caminar, se veían firmes y provocativas.Verla me calentaba la sangre; me daban unas ganas locas de tirarla ahí mismo al suelo y hacérmela sin piedad.Pero era compañera de Edwin, y la diferencia entre nosotros era tanta que me moría de ganas, pero no tenía el va
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