Jax frunció el ceño.Me observó, buscando el menor indicio de que estuviera mintiendo. Pero mi mirada inquebrantable sembró el pánico en él.Me conocía muy bien. Cuando me propongo algo, nunca pierdo.Ese miedo oculto lo obligó a cambiar de estrategia. Rodeó el escritorio hasta quedar a mi lado. Su voz se suavizó, recurriendo a la manipulación de siempre.—Alessia, por favor, basta —suspiró, colocando una mano sobre mi hombro—. Dentro de unos días será nuestro décimo aniversario. Organizaré la fiesta de compromiso. Cuando termine este trimestre, sacaré tiempo para viajar contigo a Sicilia, ¿sí?Volver a Sicilia.Sentí un nudo en la garganta cuando los recuerdos me inundaron.En aquella época, en el apartamento más miserable de toda la ciudad, me acurruqué en un sofá destartalado, refugiada en los brazos de Jax, y le confesé mis sueños más ambiciosos.Le conté que me estaba matando por construir una fortuna limpia para que algún día pudiera reconstruir el viejo barrio donde naci
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