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Capítulo 2

Author: Peachy
La pantalla de mi teléfono se iluminó. Era un mensaje cifrado de mi Familia.

"El jet privado ya está listo. Te traeremos a casa en tres días."

Al leer aquel mensaje, todo el asco que sentía se desvaneció.

Me marchaba para siempre. Ya ni siquiera valía la pena discutir con él por última vez.

Solté el cierre de la maleta, giré y me encontré con su mirada desafiante, cargada de hostilidad.

Seguro que ya tenía preparado su discurso cargado de veneno.

Él esperaba que me comportara como una ama de casa amargada, reclamándole por un matrimonio y preguntándole por qué aquel anillo de rubí era de la talla de Bianca.

Qué decepción se iba a llevar.

—Tienes razón, Jax —dije con absoluta calma—. Exageré. No volverá a pasar.

Nunca más. Jax se quedó inmóvil.

Apretó la mandíbula y un destello de pura confusión cruzó por sus ojos.

Tras unos segundos de silencio, como si intentara ocultar su culpa, murmuró:

—Lo que sea.

Luego dio un portazo al salir. Esa noche no volvió a casa.

A la mañana siguiente llegué a Apex Holdings como de costumbre.

Este era el imperio que construí con mis propias manos.

Ni un solo centavo provenía de la familia Valeriano.

Nada de conexiones con la mafia.

Todos los libros contables estaban limpios. Era mi obra maestra.

Si me largaba, me llevaría conmigo el trabajo de toda una vida.

Justo cuando guardaba el último plano estratégico en una memoria USB cifrada, la puerta de mi oficina se abrió de golpe.

Chris, el director de Proyectos, irrumpió en mi oficina. Parecía haber visto un fantasma.

—Alessia, tenemos un problema.

Le temblaba la voz.

—Habla.

Ni siquiera levanté la vista.

—¡Perdimos la licitación del proyecto inmobiliario de Westside! ¡Y, para colmo, caímos en una cláusula de penalización de cinco millones de dólares!

Mis dedos se quedaron inmóviles sobre el teclado.

—¿Por qué?

Chris estaba fuera de sí. Apretó los dientes.

—¡El jefe amaneció con resaca! Bianca se encargó de revisar sus correos. ¡Esa perra estúpida envió nuestro precio base confidencial directamente a la competencia! ¡Un año entero de trabajo de nuestro equipo se fue al demonio!

Tomé el informe de la penalización del escritorio y me dirigí a la oficina del CEO.

Empujé las puertas. Lo que vi hizo que el pecho se me oprimiera por un instante.

Bianca estaba recostada, luciendo débil, en el sofá cama del rincón.

Jax había comprado ese sofá cama para mí cuando terminé con una hemorragia estomacal después de trabajar sin descanso durante quince días.

Lo hizo porque se preocupaba por mí.

Ahora era otra mujer la que descansaba sobre él. Y el arrogante e intocable Jax le sostenía un vaso con glucosa junto a los labios.

Al verme, Bianca se incorporó de inmediato.

—Alessia... —dijo, pálida y con expresión lastimera—. No lo malinterpretes. Se me bajó el azúcar y me sentí mareada. Jax solo se preocupó por mí y me trajo un poco de glucosa...

No le dediqué otra mirada a Bianca.

Fui directo al escritorio y lancé el informe de la penalización de cinco millones de dólares frente a Jax.

—Se filtró el precio base de la licitación de Westside. Este negocio ya está muerto. Son cinco millones de penalización.

Clavé la mirada en su expresión de desconcierto.

—¿Quién va a pagar esto?

Jax se puso de pie de un salto y tomó el informe. Su rostro se ensombreció.

Bianca, la "débil" de hace un segundo, rompió a llorar. Las lágrimas corrían por sus mejillas.

—¡Lo siento...! ¡Todo es por mi culpa!

Se abalanzó sobre el escritorio, en una actuación digna de un Óscar.

—Anoche Jax estaba tan borracho que apenas podía pensar con claridad. Yo solo quería ayudarlo con el trabajo... ¡No fue mi intención!

Se volvió hacia Jax con una expresión suplicante.

—¡Jax, créeme! ¡Iré a suplicarle a la empresa rival! ¡Me arrodillaré si hace falta! ¡Les diré que todo fue culpa mía y les rogaré que nos den otra oportunidad!

Jamás imaginó que Jax permanecería en silencio.

No hizo nada por detenerla.

Chris, de pie detrás de mí, soltó una mueca de desprecio.

Miré con indiferencia la ridícula actuación de Bianca.

—¿Suplicar? ¿Arrodillarte? —Mi voz no mostró la menor emoción—. Bianca, ¿tú crees que Wall Street es una organización benéfica? Ese numerito solo funciona con algún idiota que piense con la entrepierna.

Acorralada, ya no supo cómo continuar con la farsa.

Miró mi rostro impasible y luego el de Chris, consumido por la furia.

Su llanto se entrecortó. Se tambaleó de una forma teatral.

—Yo... me siento muy mareada...

Antes de terminar de hablar, los ojos se le fueron hacia atrás y cayó desplomada al suelo.

—¡Bianca!

Jax exclamó sobresaltado y rodeó el escritorio sin pensarlo dos veces.

La levantó con cuidado entre sus brazos.

Después levantó la vista y me fulminó con una mirada llena de odio.

—¿Ya estás satisfecha?

Jax la aferró contra su pecho y habló entre dientes.

—¡Ella ya reconoció su error! ¡Hasta se ofreció a arrodillarse para salvar a la empresa! ¿Cuánto más piensas presionarla?

Me miró decepcionado.

—Alessia, siempre tienes que dar donde más duele.

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