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Capítulo 5

Author: Peachy
Jax se inclinó sobre mi escritorio, mostrando esa sonrisa arrogante y de falsa compasión.

—No me mires así, Alessia. Así renuncies a tus acciones, me casaré contigo. Tú eres mi esposita, Alessia. La única.

Incluso levantó la mano para acariciarme la mejilla, pero giré el rostro y lo esquivé.

No pareció importarle. Retiró la mano y siguió haciendo promesas vacías.

—Duplicaré tu asignación mensual. Podrás ir de compras y al spa todo lo que quieras. Bianca conoce su lugar. Nunca desafiará tu posición dentro de la casa.

Jugaba a ser Dios. Ese era su enfermizo jueguito.

Contemplé aquel rostro tan familiar y a la vez tan ajeno.

Sentí una arcada.

—Quita esa cara tan repugnante, Jax —lo miré con frialdad—. Tú no me mereces.

El rostro de Jax se tornó oscuro. La máscara se le cayó, dejando ver su ira.

—Como quieras.

Se irguió y soltó una sonrisa burlona.

—Ya que estás tan orgullosa, firma.

Bianca ya no pudo contenerse.

Sacó el teléfono y reprodujo la grabación con entusiasmo.

—"Apuesto mi 49% de las acciones de Apex... Si él te las da, renunciaré a todo y me marcharé sin nada".

Mi voz resonó con claridad por la oficina.

Con una sonrisa de satisfacción, Bianca deslizó hacia mí un "Acuerdo Voluntario de Cesión de Acciones" junto a un bolígrafo.

—Una apuesta es una apuesta, Alessia. Firma.

La codicia brilló en sus ojos.

—¡Alessia, no lo hagas!

Chris irrumpió en la oficina con los ojos rojos y estampó la mano sobre el documento.

—¡Son cinco años de tu sangre, sudor y lágrimas! ¡¿Por qué vas a entregárselo todo a esta perra desgraciada?!

—¡Seguridad! ¡Saquen a este estorbo! —chilló Bianca de inmediato.

Levanté mi mano, aparté la de Chris con suavidad y le dirigí una mirada tranquilizadora.

—No pasa nada, Chris —dije con calma.

Destapé el bolígrafo y firmé mi nombre sin pensarlo dos veces.

No tenían ni idea.

El día anterior ya había transferido mi 49% de las acciones a mi mejor amiga, Isla.

El trato ya estaba cerrado. Era legal. Irrefutable.

El documento frente a mí no era más que un pedazo de papel sin valor legal.

Al verme firmar, el rostro de Bianca se iluminó de emoción.

Me arrebató el acuerdo. Sus manos temblaban.

Y, por un instante, lo vi. Una sombra de dolor en sus ojos. Después de todo, aquello rompía el último vínculo profesional que nos unía.

Sin embargo, esa pizca de conciencia fue devorada por la euforia del control absoluto.

Dejé caer el bolígrafo sobre el escritorio y me recosté en la silla.

—¿Ya terminamos?

Jax bajó la mirada hacia mí, luego se volvió hacia los empleados que observaban desde afuera y anunció en voz alta:

—¡A partir de hoy, Bianca se convierte oficialmente en socia de Apex Holdings! ¡Ocupará el lugar de Alessia!

Durante un segundo, reinó el silencio. Luego estallaron los aplausos.

Algunos ejecutivos inútiles se abrieron paso entre la multitud para besarle el trasero a Bianca y felicitarla.

—¿Qué están esperando? ¡Desocupen la oficina para Bianca! —gritó alguien.

Varias personas entraron a mi oficina y comenzaron a lanzar mis pertenencias afuera.

¡Crash!

El vaso de cristal que Jax me regaló cayó del escritorio y se hizo añicos.

Los fragmentos de vidrio rebotaron junto a mis pies.

¡Crack!

La maqueta del proyecto West End, en la que trabajé tres noches enteras sin dormir, fue aplastada por el zapato del jefe de Logística.

Durante todo ese tiempo, permanecí sentada en mi silla.

No estaba enfadada. Solo los observaba con frialdad.

Afuera, arrancaron la placa metálica con mi nombre.

"Directora Bianca". Recién instalada.

El circo por fin terminó.

La multitud rodeó a Bianca como si fuera una reina y la acompañó hasta la sala principal de juntas para celebrar.

La oficina, que hacía un instante estaba llena, quedó vacía de inmediato.

Me puse de pie y sacudí con elegancia el polvo imaginario de mi traje.

No me dirigí al ascensor.

Giré sobre mis talones y caminé directamente por el pasillo hacia la oficina del CEO.

El territorio de Jax.

Empujé la puerta, me acerqué a la silla de cuero, "el auténtico trono de la compañía", y me senté.

Jax y Bianca regresaban de su pequeña celebración cuando me vieron desde la puerta.

Se quedaron inmóviles. Me miraron como si estuviera demente.

—¿Qué carajo haces aquí? —ladró Bianca con el ceño fruncido—. Ya no perteneces a esta empresa. ¡Lárgate!

Giré la silla hacia Jax, crucé las piernas y dije con frialdad:

—Jax, estás despedido.

El ambiente se paralizó.

Entonces Bianca estalló en carcajadas.

Se reía como si acabara de escuchar el mejor chiste del mundo, agitando el documento en sus manos.

—¿Te volviste loca, Alessia? —se burló sin piedad—. ¡Ya no eres accionista! Estás por debajo del personal de limpieza. ¿Quién te crees para despedirlo?

Jax no rio.

Dio un paso hacia mí, apoyó las manos sobre el escritorio y me miró con lástima.

—Ya basta, Alessia. —Su tono era arrogante, como si reprendiera a una mascota desobediente—. Ve a casa y arregla tu desastre. Si sigues comportándote así, ni siquiera llegarás a ser mi esposa.

Creyó que, al perder mis acciones, me convertiría en su accesorio, suplicándole a sus pies.

Me subestimó demasiado.

Soy la única heredera de la familia Valeriano, el clan mafioso más poderoso de Sicilia.

La sangre de un Don corre por mis venas.

Conquisté Wall Street yo misma, sin recibir ni un centavo de mi familia.

Hoy usaría mi inteligencia para recuperar todo lo que me pertenece, con intereses.

Miré el rostro engreído de Jax y una sonrisa burlona se dibujó en mis labios.

—¿Crees que ya ganaste, Jax? El verdadero juego está por comenzar.

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