Se connecterCuando me vio, un puro éxtasis imposible de ocultar estalló en los apagados ojos de Jax.Creyó que me había ablandado. Pensó que la todopoderosa Reina de Wall Street seguía sin poder olvidar un amor de diez años.Sin expresión alguna, me di la vuelta y lo conduje a un salón privado vacío del hotel. La puerta se cerró, aislando todo el ruido del exterior.Jax permaneció allí de pie, incómodo, sin saber qué hacer con las manos.—Alessia... —Me miró con cautela. Le temblaba la voz.— ¿Tú... todavía me odias?Me acerqué al minibar y me serví un vaso de agua fría.—Cuando vi por primera vez tus fotos acostándote con Bianca en ese yate, sí. Te odié. —Sostuve el vaso, completamente tranquila.— ¿Ahora? No. Para odiarte tendría que sentir algo por ti. Y ya no siento nada.Al oír esas palabras, la luz de los ojos de Jax murió poco a poco.Cerró los ojos en agonía. Su alta figura se dejó caer sobre el sofá, como si toda fuerza hubiera abandonado su cuerpo.—Me lo merezco... —Se cubrió el
El sol de Sicilia era tan deslumbrante como siempre.En el carril VIP del aeropuerto de Palermo, esperaba la llegada de un prestigioso crítico de arquitectura invitado.De reojo, vi una figura desesperadamente familiar y lamentable.Sin afeitar. Con un viejo traje arrugado, la mirada completamente apagada.Era Jax.Hacía un año que no lo veía. Aunque Isla me daba un informe semanal de su miserable vida.Bajo la mano dura de Isla, la vida de Jax y Bianca en Apex se convirtió en un infierno.En apenas dos meses, Bianca no soportó la presión y renunció.Se volvió rabiosa. Acosaba a Jax para que vendiera sus acciones y le diera la asignación que prometió. Jax, después de perder su poder, se negó a darle un solo centavo.Los dos llegaron a pelearse en la oficina, convirtiéndose en el hazmerreír del mundo empresarial de Chicago.Al final, después de incumplir los objetivos durante varios trimestres, Isla utilizó un acuerdo de apuesta para expulsar a Jax. Quedó completamente arruina
El jet aterrizó con suavidad en una pista privada de Sicilia.Las puertas de la cabina se abrieron y el resplandeciente sol del Mediterráneo inundó el interior, disipando las últimas sombras de Chicago.Mi padre, Don Marco, me esperaba al pie de la escalerilla. El Padrino más temido de Sicilia.A su lado se encontraba un hombre cuya presencia dominaba el espacio a su alrededor. Mi supuesto prometido del matrimonio arreglado: Dante, el Don más joven de las Cinco Familias de Norteamérica.Vestía un traje negro medianoche a la medida. Una mano descansaba dentro del bolsillo del pantalón. Su autoridad no era forzada, como la de Jax. Era profunda, peligrosa, una elegancia innata.—Bienvenida a casa, hija mía.Mi padre dio un paso al frente y me abrazó con fuerza.Entonces, Dante se acercó dando pasos largos.No me miró con la arrogancia de un hombre que evalúa un trofeo. Al contrario, en su mirada había una admiración depredadora, como si contemplara una obra invaluable.—Reina de
Jax quedó perplejo. Completamente aturdido. ¿64 %? ¿De dónde?Se abalanzó sobre el escritorio y comenzó a revisar los acuerdos de transferencia, todos con los sellos oficiales, mientras le temblaban las manos.¡Bam!El guardaespaldas de Isla dio un paso al frente, lo sujetó por el hombro y lo obligó a retroceder.—¿Ahora sí te quedó claro? —se burló Isla, mirándolo con desprecio—. A partir de este momento, yo dirijo Apex. En cuanto a ti, Jax, quedas oficialmente destituido de todos tus derechos de gestión. Recoge tu mierda y vete a casa.Jax clavó la mirada en las firmas.De pronto levantó la cabeza. Tenía una mirada asesina.—¡Alessia! ¿¡Te volviste loca!? —rugió como un demente—. ¡¿Vendiste todo lo que construimos durante cinco años?!Bajé la mirada hacia su patético rostro, descompuesto por la furia, y me reí.—Jax, si tú puedes entregar generosamente el 15 % de tus acciones a tu amante como pago por sus servicios, yo también puedo transferir legalmente mi cuarenta y nueve
Jax frunció el ceño.Me observó, buscando el menor indicio de que estuviera mintiendo. Pero mi mirada inquebrantable sembró el pánico en él.Me conocía muy bien. Cuando me propongo algo, nunca pierdo.Ese miedo oculto lo obligó a cambiar de estrategia. Rodeó el escritorio hasta quedar a mi lado. Su voz se suavizó, recurriendo a la manipulación de siempre.—Alessia, por favor, basta —suspiró, colocando una mano sobre mi hombro—. Dentro de unos días será nuestro décimo aniversario. Organizaré la fiesta de compromiso. Cuando termine este trimestre, sacaré tiempo para viajar contigo a Sicilia, ¿sí?Volver a Sicilia.Sentí un nudo en la garganta cuando los recuerdos me inundaron.En aquella época, en el apartamento más miserable de toda la ciudad, me acurruqué en un sofá destartalado, refugiada en los brazos de Jax, y le confesé mis sueños más ambiciosos.Le conté que me estaba matando por construir una fortuna limpia para que algún día pudiera reconstruir el viejo barrio donde naci
Jax se inclinó sobre mi escritorio, mostrando esa sonrisa arrogante y de falsa compasión.—No me mires así, Alessia. Así renuncies a tus acciones, me casaré contigo. Tú eres mi esposita, Alessia. La única.Incluso levantó la mano para acariciarme la mejilla, pero giré el rostro y lo esquivé.No pareció importarle. Retiró la mano y siguió haciendo promesas vacías.—Duplicaré tu asignación mensual. Podrás ir de compras y al spa todo lo que quieras. Bianca conoce su lugar. Nunca desafiará tu posición dentro de la casa.Jugaba a ser Dios. Ese era su enfermizo jueguito.Contemplé aquel rostro tan familiar y a la vez tan ajeno.Sentí una arcada.—Quita esa cara tan repugnante, Jax —lo miré con frialdad—. Tú no me mereces.El rostro de Jax se tornó oscuro. La máscara se le cayó, dejando ver su ira.—Como quieras.Se irguió y soltó una sonrisa burlona.—Ya que estás tan orgullosa, firma.Bianca ya no pudo contenerse.Sacó el teléfono y reprodujo la grabación con entusiasmo.—"Ap







