Alexander SinclairEl eco de nuestros jadeos aún flotaba en el aire denso de la habitación. Yo seguía acostado sobre el colchón, con el pecho subiendo y bajando desbocado, saboreando el rastro del orgasmo de la chiquilla que aún humedecía mi piel. De repente, sentí que el cuerpo de Alaia se movía. Se deslizó fuera de las sábanas con una agilidad felina, intentando cubrirse con prisa.Me apoyé sobre un codo, entornando los ojos marrones mientras la observaba fijamente.—¿Vas a escapar de nuevo, preciosa? —le pregunté con mi habitual voz gruesa, cargada de una ironía dominante.Alaia se detuvo a un costado de la cama, mirándome a través de sus lentes desviados. Soltó un largo suspiro, un sonido cargado de cansancio y confusión, mientras intentaba apartar un mechón de su cabello pelinegro de la frente.—Solo voy a ducharme —respondió en un susurro, dándose la vuelta para caminar hacia el baño privado de mi habitación.La dejé ir, disfrutando de la espectacular vista de sus nalgas b
Last Updated : 2026-06-16 Read more