La fiesta seguía su curso, pero para Leo, la emoción inicial ya se había desvanecido. La música sonaba, los adultos reían y bailaban, pero él estaba aburrido. Las piernas le cansaban, y la noche se hacía larga. Buscando algo que hacer, se deslizó entre las mesas y encontró un rincón apartado, donde la luz era más tenue y el ruido se amortiguaba. Allí, se sentó en el suelo, con las piernas cruzadas y un juego de bloques de construcción que su abuelo Héctor había llevado para él. Era su distracción favorita, su refugio en medio del bullicio de los adultos.Pero algo no funcionaba. Por más que intentaba encajar las piezas, no lograba que el castillo que estaba construyendo quedara bien. Una pieza no encajaba, y la frustración comenzaba a apoderarse de él. Frunció el ceño, giró la pieza en todas direcciones, pero nada funcionaba. Suspiró, sintiendo que las ganas de rendirse lo invadían.Mateo, que había estado observando la escena desde lejos, sintió una extraña atracción hacia el niño. H
Última actualización : 2026-08-30 Leer más