Todo iba bien. Demasiado bien, pensaba Violet a veces, como si el destino le estuviera dando un respiro antes de asestarle otro golpe.Leo ya tenía dos meses. Dos meses de sonrisas, de miradas curiosas, de manos diminutas aferrándose a su dedo. Dos meses en los que el refugio había sido su hogar, y las mujeres que lo habitaban, su familia. Elizabeth iba casi todos los días, siempre con un regalo nuevo: una mantita tejida a mano, un sonajero de madera, una cajita con frutas frescas para Violet. Su presencia era constante, cálida, como la de una abuela que no podía separarse de su nieto.Y Leo la adoraba. En sus brazos, el bebé se quedaba quietecito, como si reconociera su voz, su olor, su calor. Dormía plácidamente mientras ella lo mecía y le cantaba canciones antiguas en un idioma que Violet no entendía, pero que le parecía hermoso.—Este niño es especial —decía Elizabeth, con los ojos brillantes—. Tiene algo en su mirada que me recuerda a alguien... pero no sé a quién.Violet sonreía
Last Updated : 2026-08-29 Read more