Leo observó la espalda de Catalina mientras se alejaba, sin decir palabra.Los amigos que estaban detrás de él intervinieron:—Rosa, ¿por qué te disculpas?—Tú y Laura son amigas desde hace diez años. —Escuchar a Catalina insultarla así, con una bofetada te quedaste corta.Rosa notó que Leo no apartaba la mirada de la espalda de Catalina. Frunció el ceño:—¿Catalina se enfadará y no volverá? Tal vez debería explicarle.—Esta coreografía la creamos Laura y yo hace años. —Ella solo quiere cumplir nuestro sueño, no hacerle daño.Leo respondió con frialdad:—No hace falta.—Rosa, no te preocupes por Catalina, aunque la echen, vuelve.—Cuando Leo le dijo que bailar le quedaba bien, ella se esforzó diez años.—En diez años, jamás pensó en irse. —Si de verdad dejara esto, significaría que también deja a Leo, imposible.No creían que Catalina fuera a abandonar la danza.—Claro, Catalina volverá solita, no te preocupes.—Miren, ya volvió. —Sabía que no podía irse.Catalina había vuelto, ef
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