LOGINCatalina sintió que el cuerpo se le calentaba de inmediato.No quería resfriarse, porque eso retrasaría su trabajo, así que no lo rechazó.Leo la miró un momento más.Al subir, entró tras él.Originalmente, Catalina se había llevado sus propias zapatillas.Pero al entrar, vio que junto a un par de zapatillas masculinas, había unas femeninas idénticas a las que solía usar.Lo primero que pensó Catalina fue: "¿Acaso Laura se había mudado aquí?"No se cambió los zapatos. Se quedó en la entrada:—Sácalo tú y dámelo, no pienso entrar.Leo se agachó y colocó las zapatillas de mujer justo frente a ella:—Ve a buscarlo tú misma.Dicho esto, entró directamente.Catalina frunció el ceño.Quiso decir algo, pero al final se cambió las zapatillas y entró.La habitación de Ado seguía igual que cuando ella se fue.Catalina buscó por toda la habitación y luego miró a Leo, que estaba apoyado en la puerta, con el ceño fruncido:—¿Dónde está?Leo recorrió la habitación con la mirada:—¿No está? Juraría
Catalina apartó su mano:—El ascensor baja, va a venir gente.Leo esbozó una sonrisa leve, con un brillo de locura en los ojos:—¿Tienes miedo de que nos vean?Catalina no respondió.Leo le sujetó la muñeca y la llevó hacia el auto.Subieron juntos al asiento trasero.El chofer esperaba al volante. En cuanto subió, Leo dijo:—A Residencia Oro.Luego, levantó el panel divisor.Catalina frunció el ceño:—Yo no vuelvo allí.Leo la miró, y luego posó la vista en sus labios, ligeramente hinchados por los besos.—Queda poco tiempo —dijo Leo, como si estuviera rebajando un poco su postura.Catalina lo miró con calma:—No quiero quedarme ni un segundo más.Leo pareció irritado por esas palabras.Le sujetó la nuca y la besó, mordiéndole el labio:—Hace un momento reaccionaste.Catalina respondió con tono indiferente:—Solo fisiológicamente.Leo soltó una risa baja:—¿Acaso una reacción fisiológica no cuenta como real?—Leo, ¿cuántos años llevamos acostándonos?Catalina seguía tranquila:—Son c
Leo mantuvo la mirada en ella un momento más.Catalina ya había salido del ascensor. Él la siguió.Habían llegado juntos, pero ahora ella no quería regresar con él.Sacó el celular para pedir un taxi, pero Leo se lo arrebató.Con expresión impasible, guardó el celular en su bolsillo:—¿Adónde vas?Catalina estiró la mano para recuperarlo, pero él mantenía las manos en los bolsillos del pantalón.Así que intentó agarrarle la muñeca a la fuerza.Leo giró el cuerpo ligeramente, y ella solo alcanzó a tomarle el cinturón.Leo se quedó quieto un instante. Repitió la pregunta:—Cuando Laura dijo lo del divorcio, ¿qué sentiste?Catalina frunció el ceño:—¿Qué voy a sentir? ¿Acaso no es cierto lo que dijo?—¿Qué? ¿Quieres que los bendiga o qué?Leo la miró fijamente.Dio un paso adelante. Ya estaban muy cerca.Con ese paso, sus cuerpos quedaron pegados.Catalina retrocedió un paso para alejarse, pero él la sujetó por los hombros y la apoyó contra una columna.La mano que Leo tenía metida en
El doctor examinó a Yolanda. Los resultados mostraron que no tenía nada, así que salió.Catalina sabía que difícilmente iba a sacarle a su abuela lo que habían hablado los dos antes.Miró a Leo y dijo con Yolanda:—Abuela, entonces nos vamos.Yolanda cambió la expresión y asintió.Catalina tomó a Leo del brazo y lo sacó.Justo cuando iba a preguntarle, vio que Laura y Polo todavía estaban afuera.El asistente de Polo acababa de traerle la ropa.Polo la agarró y se fue a cambiar rápido, sin querer aguantar ni un segundo más.Laura no se apuraba por su propia ropa. Lo que notó fue la mano de Catalina agarrando a Leo.Y Catalina también notó su mirada.Pero ¿y qué?Leo seguía siendo su esposo ahora.Catalina sostuvo la mirada de Laura sin soltar la mano.Laura apretó los labios.Sentía celos, pero al recordar que pronto se divorciarían, pensó que Catalina solo estaba fingiendo dignidad. Eso la consoló un poco.Miró a Leo:—¿Ya terminaste con lo que tenías que hacer?Leo miró a Catalina
—¿Eres familiar o no? —preguntó la enfermera por segunda vez.En ese momento, Yolanda dio un paso al frente.Miró a Leo:—¿Qué pasa? ¿Tienes valor para hacerlo, pero no para reconocerlo?Leo lanzó una mirada rápida a Catalina.La intención en sus ojos era clara:"¿Qué le contaste a tu abuela?"Catalina fingió no verlo y solo sonrió:—Ve a atender a tu familiar.Leo frunció el ceño y su tono se volvió grave:—No soy su familiar.La enfermera se quedó desconcertada:—Entonces solo tenía que decirlo. ¿Por qué se quedó callado hace un momento?La enfermera notó que la tensión entre ellos era extraña.—Esto es un hospital, no griten —dijo, y se fue.Entonces Laura miró a Leo:—Todavía tengo fiebre.Leo no desvió la mirada hacia ella:—Que Polo te lleve a revisarte, tengo algo que atender.Laura contuvo la molestia unos segundos:—¿Lo que tienes que atender es acompañar a Catalina a ver a su abuela?—No solo eso.Su mirada se posó con pesadez en Yolanda. La empujó hacia la habitación y cerr
Cuando Leo llegó, la enfermera por fin entendió para qué quería Yolanda la fregona del baño.En cuanto se abrió la puerta, Yolanda levantó la fregona y se la lanzó a Leo.Catalina dio un paso atrás de forma asustada, y Leo esquivó el golpe con rapidez.—¡Y encima te atreves a esquivarlo!—¿Sabes lo que has hecho y todavía te escondes?—¡Leo! ¿Qué haces aquí? —se oyó de repente la voz de Polo desde el pasillo.Yolanda se distrajo un momento y miró hacia la izquierda.Polo vestía ropa informal. A su lado, Laura llevaba un sencillo vestido azul, con el rostro pálido.La aparición de ambos hizo que la escena se quedara en silencio unos segundos.Polo señaló a Laura:—Laura está enferma y tú no la acompañas, ¿por qué estás con Catalina?Al oír aquello, Yolanda se enfureció de nuevo.Levantó la fregona y se lanzó contra Polo:—¿Y tú quién te crees que eres? ¡Qué boca más sucia tienes!—¡Él es el esposo de mi Catalina!—Si no la acompaña a ella, ¿a quién va a acompañar?Polo no esquivó a tie







