Siempre había sido atractivo, incluso borracho.Catalina admitía haberse equivocado con él, pero no con su rostro.Leo tenía una cara engañosamente hermosa, que invitaba a acercarse, a fascinarse, a enamorarse.Apartó la mirada y le escribió un mensaje a la sirvienta.No podía moverlo sola.Le dio unas palmaditas para despertarlo.Los párpados del hombre temblaron y frunció el ceño.Ella le agarró el hombro:—Despierta.Él entreabrió los ojos, levantó la mano y tomó la de ella. Volvió la cabeza para mirarla.Sus ojos borrachos tenían un brillo turbio que mareaba.A medida que se acercaba, Catalina reaccionó.Giró el rostro, y su beso cayó en el lóbulo de su oreja.Al segundo siguiente, él succionó su lóbulo.Catalina dio un respingo.Por un instante dudó si estaba fingiendo, si en realidad no estaba borracho.Sabía que su oreja era lo más sensible.Antes, en la cama, le encantaba hacerle eso.Pero solo fue un instante.Si estuviera realmente consciente, jamás se habría pegado así.La
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