La mente de Catalina se quedó completamente en blanco.Solo actuó por instinto, temblando mientras sostenía a Valeria entre sus brazos:—¡Una ambulancia! ¡Llamen a una ambulancia!—¡Por favor, ayúdenla!La persona que tenía en brazos no dejaba de resbalarse. Ya no le quedaban fuerzas.Pero se quedó rígida, sin atreverse a moverse, y dijo entre sollozos:—Valeria, no cierres los ojos, no, no... ¡la ambulancia ya viene!En ese momento, se abrió la puerta del ascensor que daba a la calle, al lado del Restaurante Flor.Carlos salió corriendo, hablando por teléfono, tratando de calmarla:—¡Laura! ¿Dónde estás? ¡Ya voy para allá! —No te estoy culpando por no ayudarme, ¡no hagas ninguna tontería!Echó un vistazo rápido. En la entrada principal había algo de alboroto, pero no sabía qué pasaba.No le importó. Pasó de largo frente al desorden y siguió consintiendo a Laura:—¡De ahora en adelante haré todo lo que me digas!—Bien, ¡nunca más volveré a tener contacto con Catalina!—De acuerdo,
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