Catalina fue al restaurante que había acordado.Félix la vio y la saludó:—Catalina, me alegra mucho que me invites a cenar.Catalina sonrió ligeramente, se acercó y se sentó:—Habíamos quedado en comer juntos en algún momento. —Hemos hablado tanto que creo que nunca te pregunté a qué te dedicas.—Aparecí en el seminario, así que seguramente pensaste que era académico, ¿no? —En realidad, invierto en institutos de investigación. —Yo también pensé que tú eras investigadora, pero después, alguien me dijo que eres ama de casa. —La verdad, me sorprendió. —La última vez que hablamos, aprendí mucho. —Eres tan talentosa, ¿por qué eres ama de casa? ¿Qué te parece si vienes a mi instituto?Catalina sonrió y declinó con cortesía:—Gracias por la invitación, pero estoy contenta con mi vida actual.—¿De verdad lo estás? —Félix se encogió de hombros.—La última vez que me llamaste pidiendo ayuda, me sorprendió. —Si yo fuera tu esposo, confiaría en ti.La frase fue un poco fuera de lugar, pero
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