Valerie avanzó con paso firme, llevando a nuestra hija pequeña en brazos. A pesar de su corta edad, Emma hablaba con una total y absoluta claridad.—Mamá, ¿dónde está papá? —preguntó la niña, buscando con la mirada—. Dijiste que estaría aquí. ¿Por qué no lo hemos visto todavía?En cuanto terminó de hablar, comenzó a retorcerse con insistencia, exigiendo que su madre la bajara. En cuanto sus pies tocaron el suelo, la pequeña, que lucía como una hermosa muñeca de porcelana, capturó de inmediato la atención de todos los presentes. Uno de los guardaespaldas personales de Valerie la seguía de cerca, vigilando cada uno de sus movimientos con extremo recelo.En ese instante, Cole dio un paso al frente sosteniendo un plato con magdalenas, intentando ganarse su favor.—A mí me encantan los niños —declaró con una sonrisa—. Ven aquí, cariño, ¿quieres un dulce?Emma le clavó la mirada y frunció el ceño, visiblemente molesta. Le dio un manotazo a la bandeja y le espetó sin filtros:—¡Vete! Es
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