—Firme el acuerdo —dijo el mediador mientras se limpiaba el sudor frío de la frente y deslizaba el documento de tregua sobre la mesa.El penetrante olor a pólvora y alcohol medicinal pesaba en el aire. Apenas diez minutos antes, mi esposo, Victor, y mi exesposo, Dominic, casi reducen a escombros el área VIP de maternidad. Los sicarios de élite de ambas familias se apuntaban entre sí con las armas cargadas. Y todo por una sola razón: el incipiente vientre de Chloe, mi antigua mejor amiga.Sostuve el bolígrafo. No me tembló la mano en lo absoluto.En cuanto firmé, Victor ordenó a sus guardias armados que bajaran las armas. El despiadado don de la Costa Este caminó hacia mí y, por pura inercia, estiró los brazos para rodearme.Me hice a un lado con frialdad.Su mano se quedó congelada en el aire. Sin embargo, no había ni un rastro de culpa en sus ojos; retiró el brazo con total naturalidad. Su tono de voz fue seco, sin espacio para réplicas:—Regresa a la mansión —me ordenó mientras se ac
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