No sé cuánto tiempo estuvimos así, sentados en el borde de mi cama, con sus brazos rodeándome y mi cabeza apoyada contra su pecho. El reloj del pasillo dio las dos, y ninguno de los dos se movió. No hacía falta, Después de la noche del infiltrado, después de la tensión que todavía nos recorría el cuerpo como un eco, ese silencio era lo único que tenía sentido.Fue Rocco quien lo rompió primero, y su voz sonó distinta a como la había escuchado antes, más baja, más desnuda.—Verónica —dijo, sin soltarme— Hay algo que necesito decirte, y no sé si voy a saber hacerlo bien.Levanté la cabeza para mirarlo, la luz de la luna entraba apenas por la ventana, y en la penumbra, su rostro tenía una expresión que no le conocía, no era la calma calculada de siempre, ni la frialdad que usaba como armadura frente a la junta o frente a Julián, era algo más parecido al miedo.—Puedes decirme lo que sea —respondí, y en ese momento lo sentí de verdad, no como una frase hecha, sino como una certeza que se
Última actualización : 2026-08-16 Leer más