La luz del atardecer se filtraba a través de las cortinas de la habitación cuando Rocco llamó a mi puerta. No llevaba una bandeja con té, ni una nota, ni una disculpa. Llevaba una pregunta formulada con una torpeza que me resultó más conmovedora que cualquier gesto ensayado.—Verónica —dijo, desde el pasillo —Esta noche no quiero dormir solo.—¿Y qué quieres?—Quiero dormir contigo, no como esposos forzados, no como un contrato, sino como una elección.La frase se colgó en el aire como un desafío, no era una orden, tampoco era un deber, sino que era una puerta que me invitaba a cruzar. Durante meses, había estado esperando que Rocco me mirara sin la sombra del pacto, sin la distancia del tutor, sin el peso de los secretos. Y ahora, de pie frente a mí, con la luz del atardecer reflejada en sus ojos grises, me estaba ofreciendo algo que nunca habíamos tenido la oportunidad de elegir.—¿Estás seguro? —pregunté, sintiendo que las palabras se atascaban en mi garganta.—No —respondió, con
Última actualización : 2026-08-14 Leer más