Pasaron dos días desde el arresto de Valdés antes de que la casa volviera a sentirse, aunque fuera solo un poco, como un hogar y no como una fortaleza en alerta permanente. Los guardias adicionales seguían en su lugar, las cámaras de la zona oeste seguían encendidas día y noche, pero algo en el ritmo de la mansión se había aflojado, como si todos —Carlos incluido— se hubieran permitido, por fin, bajar un grado la tensión que llevábamos cargando desde la fotografía.En esos dos días, casi sin proponérnoslo, habíamos vuelto a algunas rutinas que llevábamos tiempo postergando, desayunar juntos sin prisa, revisar el correo sin que cada mensaje nos hiciera temer una nueva amenaza, incluso reírnos, una noche, viendo una película tonta que ninguno de los dos recordaría al día siguiente. Pequeñas cosas que, sumadas, empezaban a parecerse a una vida normal.Esa tarde, Rocco me encontró sentada en el jardín, en el mismo banco de piedra donde tiempo atrás habíamos tenido tantas conversaciones di
Última actualización : 2026-08-20 Leer más