Un año después, Arturo Alejandro ya caminaba con más seguridad, aunque todavía pedía que lo cargaran cuando se cansaba. Había aprendido a decir "viñedos", "uvas" y "abuelo", y preguntaba por él a cada momento, como si pudiera sentirlo en el aire.La tarde que volvimos a los viñedos, el sol se ponía dorado sobre las colinas. Arturo Alejandro corría entre las vides, con su camión de madera, deteniéndose para tocar cada hoja, cada racimo.—¡Mamá! —gritó, señalando una planta—. ¡Mira! ¡Hay una mariposa!Me agaché a su lado y observé la mariposa, con sus alas naranjas y negras, posada sobre una hoja.—Es hermosa, ¿verdad?—Sí —respondió, con un susurro, como si tuviera miedo de espantarla.—¿Sabes por qué las mariposas son especiales?—¿Por qué?—Porque antes eran orugas y un día, se transformaron en algo más hermoso.Arturo Alejandro me miró, con sus ojos grandes y curiosos.—¿Yo también voy a ser una mariposa?—No, mi amor tú ya eres hermoso, pero a lo largo de tu vida, vas a cambiar, a
Última atualização : 2026-08-30 Ler mais