La presión de las manos de Rocco sobre mis hombros era firme, sólida, atrapando mi cuerpo de espaldas contra el gran ventanal de la oficina presidencial. A través del cristal polarizado, la lluvia fina continuaba golpeando la ciudad, envolviéndonos en una penumbra grisácea que volvía el aire completamente sofocante.La tarjeta médica satinada de la Clínica Obstétrica San Judas, esa semilla de misterio que Beltrán había sembrado para dividirnos, seguía presionada contra el vidrio a escasos centímetros de mis ojos.—¿De quién es el hijo que estás intentando esconder a mis espaldas, Verónica? —repitió él, y su voz varonil y rasposa bajó a un registro tan denso que me caló los huesos—. ¿Qué demonios estabas haciendo realmente en los suburbios de la ciudad durante tus noches de fuga clandestina?El pánico amenazó con congelarme las venas de inmediato, pero me obligué a tragar saliva, conteniendo el espasmo de las náuseas de mi embarazo secreto. Rocco estaba consumiéndose por los celos y la
Última actualización : 2026-07-21 Leer más