El silencio de la mansión se había vuelto un compañero constante en los días siguientes a nuestra conversación sobre la carta. Pero esa tarde, mientras Verónica se movía por la cocina preparando algo de té, el timbre de su teléfono rompió la quietud con una agudeza que me puso en alerta. No era mi teléfono, era el suyo, un sonido que apenas recordaba haber escuchado antes.—¿Sí? —dijo ella, con un tono sorprendido—. ¿Ricardo? No esperaba tu llamada.No pude evitar tensarme, Ricardo, un nombre, una voz masculina al otro lado de la línea. Su tono era familiar, casi amistoso, como si hablara con alguien a quien conocía bien. Me quedé inmóvil junto a la encimera, con las manos apoyadas en el borde de la mesa y los oídos atentos, aunque intentaba fingir que no me importaba.—Sí, lo sé —continuó Verónica, soltando una risa ligera —He estado bastante ocupada. No, no he podido ir a la universidad en las últimas semanas, mucho papeleo, problemas familiares… ya sabes.Hubo una pausa, escuché su
Última actualización : 2026-08-06 Leer más